
Europa se convierte en el nuevo hogar para científicos estadounidenses perseguidos por la administración Trump
Europa se convierte en el nuevo hogar para científicos estadounidenses perseguidos por la administración Trump
El 7 de marzo de 2025, Éric Berton, presidente de la Universidad Aix-Marsella (AMU), lanzó la iniciativa Safe Place for Science (Lugar seguro para la ciencia) con una misión clara: ofrecer un refugio científico a investigadores que buscaban escapar de Estados Unidos debido a los recortes y restricciones impuestos por la administración Trump. La creciente agresividad de las políticas estadounidenses en el ámbito académico fue un claro aviso de lo que estaba por venir.
El éxito de esta iniciativa fue sorprendente. En su primer día, Safe Place for Science recibió su primera candidatura, y al cierre del plazo, se habían registrado aproximadamente 300 solicitudes, con otras 600 llegando después de la fecha límite. Esto reflejó un cambio significativo en la percepción de Estados Unidos, que ha sido el epicentro de la investigación científica desde el final de la Segunda Guerra Mundial, pero que ahora ha perdido gran parte de su atractivo.
Iniciativas europeas para atraer talento científico
En mayo de 2025, Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, anunció el lanzamiento del programa Choose Europe for Science, que cuenta con una financiación de 500 millones de euros para atraer a investigadores estadounidenses. Además de Francia, otros nueve países europeos, incluyendo España y la propia Unión Europea, han desarrollado programas similares. Por ejemplo, el programa español Atrae experimentó un aumento del doble en solicitudes desde Estados Unidos en 2025 en comparación con el año anterior, con más de 254 investigadores extranjeros presentando sus candidaturas, de los cuales uno de cada tres era estadounidense.
En Cataluña, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, anunció la creación del Catalunya Talent Bridge, que tenía como objetivo acoger a 26 investigadores antes de finalizar 2026, aunque este programa no logró los resultados esperados. Por su parte, el Gobierno federal alemán lanzó la Global Minds Initiative Germany y el Meitner-Einstein Programme, mientras que la Sociedad Max Planck inició el Max Planck Transatlantic Programme.
Una portavoz del Ministerio del Interior alemán informó que entre enero y septiembre de 2025, el número de permisos de residencia concedidos a ciudadanos estadounidenses aumentó en un 32%, abarcando diversas razones, desde actividades laborales hasta estudios y búsqueda de empleo.
Experiencias personales de investigadores
Una de las seleccionadas para Safe Place for Science, Alka Patel, llegó a Francia a principios del año pasado junto a su esposo Didier y su hija. En una videollamada con EL PAÍS, Patel compartió su experiencia, mencionando que dejó EE. UU. antes de la llegada de Trump a la Casa Blanca. “El momento decisivo para mí fue en 2024, antes de las elecciones, cuando hubo una represión extremadamente violenta contra los estudiantes que se manifestaban en mi propio campus de la Universidad de California”, relató.
Patel, nacida en India y criada en EE. UU., había estado planeando su salida del país desde hacía tres años, especialmente tras la reelección de Trump. “No creo que la fuga de cerebros sea un fenómeno instantáneo. Ha sido un proceso que se ha ido gestando”, aclaró. Los recortes en el ámbito educativo y las oportunidades insuficientes fueron factores determinantes en su decisión de abandonar el país.
Durante los primeros días del segundo mandato de Trump, su gobierno intensificó las medidas restrictivas en áreas que no le agradaban, como la investigación sobre el cambio climático. “Ha habido recortes presupuestarios, despidos de investigadores y eliminación de bases de datos”, lamentó Berton. Sin embargo, algunas de estas restricciones han sido revertidas por decisiones judiciales.
Berton también mencionó que algunos candidatos temían ser identificados, por lo que enviaron sus solicitudes de manera encriptada. Safe Place for Science, que durará tres años, se centra en dos áreas de estudio: Ciencias Sociales y Humanidades (Medioambiente y Clima, Género, Historia, Geografía) y Ciencias Clásicas (como Biología y Medicina), todas ellas consideradas prohibidas por el gobierno de Trump.
Oportunidades en Francia
Patel ha enfocado su investigación en el sur de Asia y sus conexiones con Irán y Asia Central, áreas en las que espera continuar trabajando durante su estancia en AMU. Aunque algunos familiares todavía residen en EE. UU., ella ha descartado regresar a vivir allí, aunque planea visitar en el futuro.
Tras el lanzamiento de Safe Place for Science, el presidente Emmanuel Macron presentó un programa complementario llamado Choose France for Science, cofinanciado por el Gobierno francés, que permite a investigadores como Patel desarrollar sus proyectos en instituciones de todo el territorio francés. La Universidad Paris-Saclay, en la capital, se ha sumado a esta iniciativa, ofreciendo programas tanto para estudiantes de doctorado como para investigadores establecidos.
“Contamos con dos programas: uno para estudiantes de doctorado y otro para investigadores consolidados”, explicó Mehran Mostafavi, vicepresidente de Investigación en Saclay. Gracias al apoyo financiero de fundaciones como CentraleSupélec y Gustave Roussy, la facultad ha ampliado su capacidad de acogida a ocho y diez candidatos, respectivamente.
Al finalizar los tres años del programa, tanto los que se acogen en Marsella como los del programa nacional podrán solicitar la extensión de su estancia. Tras dos años, los científicos deberán presentar su proyecto ante el Consejo Europeo de Investigación (ERC), que decidirá si renueva su financiación por cinco años más. De no ser así, cada perfil será evaluado individualmente.
Para Patel, su siguiente paso está claro: “Me han ofrecido un puesto en el CNRS [Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia]”, admitió con timidez.
Conclusión
El entorno académico en Europa se está transformando en un refugio para científicos que buscan escapar de las restricciones en EE. UU., ofreciendo un futuro prometedor para la investigación científica y la colaboración internacional.

